Desde el último post he estado un mes en España: Madrid (Summercase incluido), Córdoba y Barcelona. Buenas vacaciones, pero ya estoy de vuelta en Argentina.

Este ha sido con mucho la peor de las 11 veces que he cruzado el charco. Para empezar, el vuelo, de Air Comet, salió con un retraso de 3 horas sin ninguna explicación oficial. Y digo oficial, porque mientras esperábamos en la puerta de embarque, oímos a la azafata que controla el acceso al avión decir fuera de micrófono que no había tripulación disponible. El avión no era el Boeing 747 con el que vuelo siempre con Iberia o Aerolíneas Argentinas, sino un Airbus A310 bastante más pequeño. Y se ve que más pequeño significa menos autonomía, porque hubo que parar en Natal (Brasil) una hora para repostar. Este fue uno de los momentos mas surrealistas, ya que nos recordaron por megafonía que durante el repostaje está terminantemente prohibido el uso de teléfonos móviles. Vamos, como en la gasolinera de mi barrio ;-) Además, la azafata pasó fumigándonos con un spray por imperativo de la ley brasileña (!?)

Pero lo peor es que no cabía. Mi estatura es un poco superior a la media, pero no creo que sea tan monstruosamente alto como para no caber en un asiento estándar (mido 1,85 m) Me colocara como me colocara, las rodillas me daban en el respaldo del asiento de delante. Sin remedio. Durante 12 horas. Y no se pueden sacar las piernas al pasillo porque la gente pasando no deja de golpearte. ¿No vale la pena quitar dos filas de asientos perdiendo 18 pasajes y que los otros 200 pasajeros queden contentos y repitan? Bueno, igual no es tan rentable porque es una medida que sólo apreciarían los altos… Por ese motivo, y no por los retrasos, no pienso volver a volar con Air Comet.

Para colmo, al llegar a Buenos Aires habían perdido la maleta de uno de mis compañeros (y de unos 20 pasajeros más) Air Comet: NUNCA MAIS